El Manifiesto Raver es una de las piezas de Cultura Festivalera claves. Conócelo (e imprímelo para traerlo en la cartera).

Uno de los escritos más trascendentes, importantes y simbólicos que apareció en la escena raver en los 80’s -no sabemos si fue en Detroit o en Manchester-, es el Manifiesto Raver. Lo que sí sabemos es que el anonimato del autor le da un toque místico al documento, como si los mismos dioses lo hubieran escrito para guiarnos.

Aunque tiene más de 30 años que salió a la luz, creemos que sigue tan vigente como antes. Te invitamos a leerlo detenidamente y guardarlo en el corazón.

Manifiesto Raver (también Festivalero)

Nuestro estado emocional es el Éxtasis.
Nuestro alimento el Amor.
Nuestra adicción la Tecnología.
Nuestra religión la Música.
Nuestra moneda de cambio es el Conocimiento.
Nuestra política es Ninguna.
Nuestra sociedad es Utópica, aún cuando sabemos que «nunca» será así.

Tal vez nos odien. Tal vez nos rechacen. Tal vez no nos entiendan. Tal vez no se den cuenta de nuestra existencia. Tan sólo podemos esperar que no les importe juzgarnos, porque nosotros nunca lo haremos.

No somos criminales. No estamos desilusionados. No somos adictos a las drogas. No somos niños ingenuos. Somos una tribu global que trasciende la ley hecha por el hombre, la geografía física y el tiempo mismo. Somos un gran colectivo. El colectivo.

Fuimos atraídos por el sonido. Desde muy lejos, el poderoso y apacible beat, comparable al latido de una madre que consuela a su hijo en un vientre de concreto, acero y de cables eléctricos. Fuimos regresados a ese vientre, y ahí, en el calor, la humedad y en la oscuridad, aceptamos el hecho de que todos somos iguales.

No solo a la oscuridad y a nosotros mismos, sino a la misma música retumbando en nosotros y pasando a través de nuestras almas, todos somos iguales.

En algún lugar, a 35Hz, podemos sentir la mano de Dios en nuestras espaldas, llevándonos hacia adelante, llevándonos a fortalecer nuestras mentes, nuestros cuerpos y nuestros espíritus.

Llevándonos a voltear hacia la persona a nuestro lado para unir nuestras manos y levantarlas al compartir este gozo incontrolable que sentimos al crear esta burbuja mágica que puede, por una noche, protegernos de los horrores, atrocidades y la contaminación de nuestro mundo. Es en ese mismo instante, con estas revelaciones, cuando cada uno de nosotros ha nacido realmente.

Continuamos asistiendo a clubes, bodegas, (autódromos, parques, deportivos) o edificios que han abandonado y nosotros le damos vida a ellos por una noche (o varias). Una vida fuerte, palpitante y vibrante en su más pura, intensa y hedonista forma. En estos espacios improvisados, buscamos deshacernos de la carga de un futuro incierto el cual no se ha podido estabilizar y asegurar para nosotros y para las futuras generaciones.

Buscamos liberarnos de nuestras inhibiciones, y liberarnos a nosotros mismos de las restricciones que han puesto en nosotros para su bienestar. Buscamos re-escribir el sistema que ha tratado de dogmatizarnos desde el momento en que nacimos.

Un sistema que nos dice que odiemos, que juzguemos, un sistema que todavía nos dice que subamos escaleras para que suban por encima de nosotros, que andemos por laberintos como si fuéramos ratas de laboratorio. Un sistema que nos dice que comamos de la cuchara de plata con la cual nos tratan de alimentar, en vez de alimentarnos con la capacidad de nuestras propias manos. Un sistema que nos dice que cerremos nuestras mentes en lugar de abrirlas.

Hasta que el sol aparezca y queme nuestros ojos al revelar la distópica realidad de un mundo que han formado, bailaremos con nuestros hermanos y hermanas en celebración de nuestra vida, nuestra cultura y en los valores en los cuales creemos:

Paz, Amor, Libertad, Tolerancia, Unidad, Armonía, Expresión, Responsabilidad y Respeto.

Nuestro enemigo es la ignorancia.
Nuestra arma es la información.
Nuestro crimen es romper y retar las leyes establecidas para impedirnos celebrar nuestra existencia.

Pero considera que mientras cancelan cualquier fiesta (o festival), en cualquier noche, en cualquier ciudad, en cualquier país o continente en este hermoso planeta, nunca podrán cancelar la fiesta entera. No tienen acceso a ese switch, no importa lo que piensen. La música nunca se detendrá, el latido de nuestro corazón nunca desvanecerá. La fiesta jamás terminará.

Soy un raver (o un festivalero), y este es mi manifiesto…

Te dejamos la versión original en inglés:

Raver’s Manifesto

Our emotional state of choice is Ecstasy. Our nourishment of choice is Love. Our addiction of choice is technology. Our religion of choice is music. Our currency of choice is knowledge. Our politics of choice is none. Our society of choice is utopian though we know it will never be.

You may hate us. You may dismiss us. You may misunderstand us. You maybe unaware of our existence. We can only hope you do not care to judge us, because we would never judge you. We are not criminals. We are not disillusioned. We are not drug addicts. We are not naive children…

We are one massive, global, tribal village that transcends man-made law, physical geography, and time itself. We are The Massive. One Massive.

We were first drawn by the sound. From far away, the thunderous, muffled, echoing beat was comparable to a mother’s heart soothing a child in her womb of concrete, steel, and electrical wiring.

We were drawn back into this womb, and there, in the heat, dampness, and darkness of it, we came to accept that we are all equal. Not only to the darkness, and to ourselves, but to the very music slamming into us and passing through our souls: we are all equal. And somewhere around 35 Hz we could feel the hand of God at our backs, pushing us forward, pushing us to push ourselves to strengthen our minds, our bodies, and our spirits.

Pushing us to turn to the person beside us to join hands and uplift them by sharing the uncontrollable joy we felt from creating this magical bubble that can, for one evening, protect us from the horrors, atrocities, and pollution of the outside world. It is in that very instant, with these initial realisations that each of us was truly born.

We continue to pack our bodies into clubs, or warehouses, or buildings you’ve abandoned and left for naught, and we bring life to them for one night. Strong, throbbing, vibrant life in it’s purest, most intense, most hedonistic form. In these makeshift spaces, we seek to shed ourselves of the burden of uncertainty for a future you have been unable to stabilise and secure for us.

We seek to relinquish our inhibitions, and free ourselves from the shackle’s and restraints you’ve put on us for your own peace of mind. We seek to re-write the programming that you have tried to indoctrinate us with since the moment we were born.

Programming that tells us to hate, that tells us to judge, that tells us to stuff ourselves into the nearest and most convenient pigeon hole possible. Programming that even tells us to climb ladders for you, jump through hoops, and run through mazes and on hamster wheels.

Programming that tells us to eat from the shiny silver spoon you are trying to feed us with, instead of nourish ourselves with our own capable hands. Programming that tells us to close our minds, instead of open them.

Until the sun rises to burn our eyes by revealing the dis-utopian reality of a world you’ve created for us, we dance fiercely with our brothers and sisters in celebration of our life, of our culture, and of the values we believe in:

Peace, Love, Freedom, Tolerance, Unity, Harmony, Expression, Responsibility and Respect.

Our enemy of choice is ignorance. Our weapon of choice is information. Our crime of choice is breaking and challenging whatever laws you feel you need to put in place to stop us from celebrating our existence.

But know that while you may shut down any given party, on any given night, in any given city, in any given country or continent on this beautiful planet, you can never shut down the entire party. You don’t have access to that switch, no matter what you may think. The music will never stop. The heartbeat will never fade. The party will never end.

I am a raver, and this is my manifesto.

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