Seamos claros, los auto-conciertos no son festivales, un concierto incluso no puede ser considerado un festival, tal vez una serie de auto-conciertos podría empezar a considerarse como tal, sin embargo aún está lejos de siquiera poder llegar a parecerse.

Los auto-concierto se han convertido en una alternativa para las personas que quieren salir y ver a un grupo en vivo, a cantar en conjunto sus canciones, a sentirse parte de esa comunión entre artista-fanático que genera una energía singular y que ayuda a los creadores a seguir apostando por su talento, y a los fanáticos a identificarse y formar parte de un grupo, no sentirse sólo.

Pero un festival va más allá de ver un concierto, de cantar un par de canciones y de ser parte de un grupo que comparte ese mismo gusto; un festival está lleno de más experiencias que no pueden limitarse solamente a ver en vivo a un grupo del mainstream.

En un festival nos encontramos con un sector que efectivamente adopta la postura de un concierto, donde su objetivo es ir a ver a un grupo y tan-tan; pero cada vez más vamos no por un grupo, sino a descubrir nuevas propuestas musicales, a ver colaboraciones inéditas.

Quién no está en un Vive Latino o Pal’Norte viendo en que momento aparece algún palomazo entre grupos emergentes, consolidados o creando bandas que sólo existen por un momento o que regresan por sólo un momento.

Quién de nosotros no tiene ya tachado en el calendario el momento para reunirse de nuevo con sus amigos (squad) de la escuela o de por su casa para el siguiente Machaca o Coordenada.

Quienes no tienen en la mira cruzar la frontera a ir a Lollapalooza en Chicago, Tomorrowland en Bélgica o Wacken Open Air en Alemania y aprovechar y conocer un nuevo país, una nueva cultura, unos nuevos festivaleros.

No, los festivales no se pueden meter en un coche sardina y un estacionamiento con sana distancia, no puedes ponerlos en tarimas distanciadas, porque los festivales no sólo es música en vivo, los festivales son lugares que sólo existen por 2 o 3 días, que nos hacen creer en un mundo mejor, un mundo donde todos podemos convivir y juntarnos sin juzgarnos unos a los otros.

Los festivales necesitan el contacto unos a otros, llegar hasta adelante y que te aprieten contra la reja de protección; necesitan del mosh pit y el slam; necesitan de voltear a ver al desconocido de al lado cantar con tantas ganas como tú; necesitan de la chica que levantan en hombros y los fluidos (todos) que vuelan para que se baje; necesitan de esa última chela para la que alcanzó y que se comparte del mismo vaso.

Así como nos organizamos para ir a un festival, hoy toca ponernos de acuerdo para que esta pandemia no se extienda más de lo debido, seamos consientes y hagamos lo que hagamos sigamos pensando nuevamente en encontrarnos del lado izquierdo a la altura de la bocina en el escenario principal.

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